Bosques de mi mente
Me levanto, doy un paseo por la casa, apago la tele y miro el reloj. Son las 3:00 AM. La ciudad duerme, y yo, mientras, despierto como un búho. Debería acostarme, pero mi lista de cosas pendientes hace media hora que no se mueve. Llevo toda la noche perdiendo el tiempo con distracciones innecesarias, y ahora necesito un pequeño empujón para acabar con mis obligaciones.
A estas horas tan intempestivas mi entorno ofrece una quietud nada usual en él, así que lo aprovecho y pongo algo de música que haga los minutos más llevaderos. Abro el explorador, introduzco la siguiente URL y me dispongo a disfrutar de unos instantes de calma. El título de la ventana reza algo como “Bosques De Mi Mente“. Y es ahí donde voy a estar a partir de ahora, viajando con el pensamiento.
http://www.bosquesdemimente.com/blog/?page_id=5
Buenas noches.
Como bien dice
Soy un maniático, lo reconozco. Mis amigos se pasan el día descolocándome las cosas para echarse unas risas mientras ven que no puedo soportar dejarlas así. Podrían hacerlo 50 veces seguidas, que yo iría otras 50 a dejarlo a mi gusto. Todo tiene que estar alineado, ordenado por tamaños, colores o cualquier otra estúpida característica que me saque de la manga. Qué se le va a hacer.
En el tiempo que llevo trabajando en este sector he conocido muchos tipos de clientes. Desde los más normales e incluso comprensivos, hasta el que se cree que tienes un botón en el teclado que pone “hacer web”, el que te pide colores “frescos pero serios” o el clásico “no sé qué ha pasado, yo no he tocado nada”. Este último será el que reciba hoy nuestra atención.







Acabo de leer una noticia que me ha dejado bastante pensativo, no por lo fuerte del suceso (que también), sino por lo familiares que me resultaban las palabras de su titular: